René Depestre: la memoria y la esperanza de los pueblos oprimidos

Por Arianna Reyes Santana
Leer a René Depestre es escuchar el latido de un pueblo que ha sufrido demasiado y que, aun así, se niega a morir. Sus palabras son como tambores que resuenan desde el fondo del Caribe, cargadas de dolor, memoria y esperanza. En sus poemas “Capitán Zombi” y “Cita con la vida”, Depestre habla desde las entrañas de Haití, desde esa historia marcada por la esclavitud, la pobreza y la resistencia. Pero su voz no se queda en el sufrimiento: también canta al amor, a la vida y a la fe en un futuro más justo.
La figura del Capitán Zombi representa el dolor histórico del pueblo haitiano, el mismo que ha sido esclavizado, humillado y maltratado. Habla por todos aquellos que han muerto, pero también por los que aún permanecen bajo el sufrimiento. Se responsabiliza de los huesos y de la sangre de sus compatriotas.
Soy una marea de llagas
El poeta describe al pueblo que representa como una “marea” llena de heridas. La palabra “marea” sugiere algo que se expande. Las “llagas” representan el sufrimiento físico y espiritual, las cicatrices que ha dejado la esclavitud.
De gritos de pus de coágulos
Aquí continúa la idea del dolor profundo y continuo. “Gritos” simboliza el sufrimiento humano; “pus”, la infección o la corrupción que ha dejado la violencia; y “coágulos”, la sangre detenida, el trauma que no sana. El cuerpo del hablante poético se convierte en una metáfora del pueblo herido.
Alimento los pastos
Este verso sugiere que de su dolor surge vida: su cuerpo y su sufrimiento nutren la tierra, como si la muerte y el sacrificio de los oprimidos sirvieran para que otros vivan o para que la historia continúe. Es una imagen trágica, pero poderosa, donde el dolor humano se transforma en fuente de renovación o memoria. Sin embargo, entre su dolor también deslumbra el orgullo y la valentía.
Mis flechas y mis lanzas
Mis lavas y mis ciclones
Una gran artillería negra
Que se pierde de vista
En el cementerio de mi alma
“Una gran artillería negra” une las imágenes anteriores: todas esas fuerzas (armas, volcanes, tormentas) forman una “artillería negra”, es decir, un poder colectivo del pueblo negro que lucha contra la esclavitud, el racismo y la injusticia. La palabra “negra” aquí tiene un sentido de orgullo, de identidad y de poder ancestral.
Que se pierde de vista / En el cementerio de mi alma
Estos últimos versos son profundamente tristes. Sugieren que esa fuerza y esa historia de lucha están apagadas o enterradas dentro del hablante, como si su alma fuera un cementerio donde reposan los recuerdos, los héroes y las batallas perdidas. Expresan la melancolía y el dolor de la pérdida, pero también mantienen viva la memoria de esa resistencia.

No obstante, la voz poética se llena de rabia; lo transmite cuando clama: “Escucha, mundo blanco, los salves de nuestros muertos, escucha mi voz de zombi en honor a nuestros muertos”. Es un reclamo, una exigencia de justicia y reconocimiento del sufrimiento de los pueblos negros. Es como si dijera que su deber como poeta es mantener viva la memoria, no permitir que el dolor caiga en el olvido.
Depestre denuncia la esclavitud y sus herencias; nombra los lugares donde el cuerpo del negro fue explotado: Los rieles del Congé-Océan, los mataderos de Chicago, los maizales del añil, los ingenios azucareros, los collados de sus navíos, las compañías mineras, las carracas de sus imperios y las fábricas y minas de hierro (Depestre, s.f., p. 3). En su poesía, el dolor se transforma en fuerza. La sangre que “abre sus válvulas” no es solo símbolo de muerte, sino también de vida, de resistencia y de lucha.
Escucha mundo blanco
Mi rugido de zombi
Escucha mi silencio de mar
Oh canto doliente de nuestros muertos
Tú eres mi destino, mi África
El “mundo blanco” representa a los colonizadores, a quienes el poeta exige escuchar su “rugido”, es decir, su voz de protesta y dignidad. El mar aparece como un espacio de silencio y muerte, recordando la travesía de los esclavos desde África hacia América. Depestre reivindica su conexión con África, su tierra de origen, a la que considera su destino y su fuerza espiritual. Con imágenes como el ébano, la chirimoya y los árboles muertos, el autor muestra la unión entre África y el Caribe, y cómo la voz del poeta mantiene viva la memoria de sus antepasados.
Escucha mundo amargo, mundo blanco
Mi canto de agonía, mi vida, este canto
Que enlaza en mi cuerpo el viento
Y la ola, el cielo y el infierno
Con un tono de dolor y rebeldía, expresa su “canto de agonía”, que representa tanto el sufrimiento personal como el colectivo del pueblo negro. El poeta se presenta como un ser que une fuerzas opuestas el viento y la ola, el cielo y el infierno para reflejar la lucha interna entre la esperanza y el sufrimiento. Su cuerpo se convierte en un espacio donde se mezclan todos los elementos de la naturaleza, mostrando así la grandeza, la resistencia y la conexión profunda del ser humano con el universo.

En síntesis, El Capitán Zombi es un poema que refleja la realidad del pueblo haitiano, una nación marcada por el dolor de la colonización y obligada a cargar sobre sus hombros una historia trágica. Sin embargo, en medio de ese sufrimiento, también corre por sus venas la valentía, la fuerza y la resistencia que los caracteriza.
Si “Capitán Zombi” habla desde el dolor, “Cita con la vida” habla desde la esperanza. En este poema, Depestre deja que la voz de su pueblo se levante para decir que todavía hay sueños que valen la pena. Desde los primeros versos se siente esa mezcla de ternura y compromiso: “En una mano tengo mi derecho al amor / y en la otra mi pasaje para Berlín” (Depestre, s.f., p. 4). El hablante poético es un hombre que no ha perdido la capacidad de amar, aunque viva entre la miseria y la injusticia.
Depestre pone rostro al sufrimiento cuando menciona a su amigo Manuel, “el hombre que jamás ha dormido en un lecho / el que nunca ha llevado zapatos” (Depestre, s.f., p. 5). En esos versos está toda la humildad del pueblo haitiano, ese pueblo que, a pesar de las carencias, se levanta cada día con dignidad. Manuel representa a todos los hombres y mujeres que viven del trabajo duro, del sudor y de la esperanza. Así aún permanece el pueblo haitiano, cuyos pobladores emigran a otros países en busca de un mejor porvenir, siendo muchas veces los que aceptan los trabajos que nadie quiere. Son discriminados, maltratados y deshumanizados; reciben sueldos injustos y viven atacados por la necesidad, el hambre y la miseria.
El poema tiene un tono de conversación, casi como si el poeta hablara directamente al mundo para contarle las penas de su tierra: “Diles que la vida de mi pueblo es un monolito de penas, / una sola cadena de tinieblas” (Depestre, s.f., p. 7). Pero, al mismo tiempo, esa voz está llena de propósito: no se conforma, quiere cambiar las cosas. Por eso declara con firmeza: “Voy a Berlín para acabar con el hambre de mi pueblo” (Depestre, s.f., p. 8). Berlín no es solo un destino físico, sino un símbolo de acción, de la voluntad de llevar la voz de los pobres más allá de las fronteras.
Depestre cree que la palabra puede cambiar el mundo. Por eso, en “Cita con la vida”, pide que “la paz guarde todas sus hojas y abra sus brazos a la vida de todos los pueblos” (Depestre, s.f., p. 8). En esa imagen hay ternura y esperanza: la paz como un árbol que crece y da sombra a todos.
En el poema “Cita con la vida”, el autor busca plasmar la esperanza, la fortaleza interior y el deseo de seguir adelante a pesar del dolor y las dificultades. Representa la resistencia del ser humano frente a la adversidad, la capacidad de renacer emocionalmente y de mantener viva la dignidad y la esperanza.
René Depestre busca, con sus poemas, alzar la voz del pueblo haitiano, relatar lo que han vivido y cómo, a pesar de todo, continúan de pie. A través de sus letras pretende que nadie olvide la historia de su pueblo, sus vivencias y su realidad. Una realidad que los ha marcado para siempre, sin importar cuántos años pasen. Sin embargo, a ellos no les pesan las cicatrices que dejaron las heridas, porque su fuerza y su espíritu son más grandes que el dolor.
Referencia
Depestre, R. (s.f.). Poemas de René Depestre. En Capitán Zombi y Cita con la vida.
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Arianna Davioly Reyes Santana, nacida en la República Dominicana el 16 de septiembre de 2004, es estudiante de término de la carrera de Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, locutora profesional, egresada de la Escuela Nacional de Locución Profesor Otto Rivera, y tutora de español para extranjeros. Su formación académica y comunicativa respalda su labor en la enseñanza del idioma y la promoción del buen uso del español.



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