La meta es la felicidad
Por más de tres décadas, me he empeñado en promover esta frase. Segura de que todos y todas debemos preocuparnos por siempre sentirnos bien, procurar lo mejor a sabiendas de que el tiempo aquí es limitado.
Leyendo como siempre, encontré el término “happycracia”, según el cual existiría una especie de subcultura actual en la que todos nos sentiríamos un tanto obligados a ser felices.
“Happycracia”, un concepto explorado por Edgar Cabanas y Eva Illouz, critica la industria de la felicidad. Esta, que genera miles de millones de pesos en el mundo, plantea la idea de que la felicidad individual es esencial y manejable, incluso sobre factores externos como la clase social. Escritores argumentan que esta visión puede ser elemental y posiblemente dañina al no considerar convenientemente las situaciones externas y al acusar al individuo por no lograr la felicidad. La exploración destaca el grado de un aspecto crítico sobre la persecución de la felicidad en la sociedad contemporánea.
La historia del pensamiento ha dedicado muchas planas a la cuestión de la felicidad y muestra cómo ha tenido diferentes significados según la cultura, el contexto o el intérprete: ahí están los epicúreos y del otro lado Schopenhauer.
La realidad actual es que en la cultura occidental se vive el imperio de la felicidad, en la que ser feliz (o simularla, como ocurre con frecuencia en las redes sociales) ayuda al individuo sobre el resto.
En la imposición autoritaria de felicidad –que produce millones de pesos en promoción, publicaciones, talleres o sesiones de asesoría terapéutica y psicológica–, se trata de un modo en que la sociedad capitalista y la cultura de mercado modelan a las personas, desde una perspectiva individualista, para que respondan a ciertos fines, explicó en su ponencia “Narrativas del bienestar emocional, dictadura de la felicidad e intersubjetividad”, impartida dentro del módulo Procesos Afectivos del Diplomado en Neurociencias, Arte y Cultura del Programa Arte, Ciencia y Tecnologías ACT. Esto preocupa a Zenia Yébenes –filosofa-.
Desde el 2008, países donde tienen un índice de felicidad para hablar de su progreso; aunque es un juicio extremadamente subjetivo. “Estamos en un modelo en el que no ser feliz equivale a estar padeciendo un tipo de imperfección tuya; la ideología de la felicidad se basa en que tú puedes ser feliz, si quieres, independientemente de las circunstancias, o sea: puedes estar desempleado y recién separado, pero tienes la capacidad de ser feliz en medio de todo eso”. (Zenia Yébenes). La charla completa de la filósofa está disponible en la página de Youtube del Programa ACT.
Vale decir que es amplia la bibliografía sobre la felicidad y que los enfoques son diversos.
Yo sigo pensando que es importante forjar en nosotros mismos metas, propósitos y caminos que nos ayuden a vivir dignamente, con satisfacciones y paliando las dificultades que son parte de la vida de todo ser humano, pero sin exagerar ni dejarnos llevar por una sociedad consumista, que nos arrastra por senderos no siempre prudentes.
A mis amigos y colegas que siempre me leen, les digo: La meta es la felicidad, pero con mucha dignidad y respeto por sí mismo.
La autora es docente de la UASD.



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